Uno de los lugares con más carisma natural de Francia es el Mont Saint-Michel, en Normandía.

Este sitio lleno de encanto debe su nombre a un islote rocoso dedicado a San Miguel, en el que hoy se encuentra la abadía del mismo nombre. De hecho, una estatua de San Miguel en lo alto de la iglesia culmina a 170m encima del mar.
Si pasas por allí no puedes prescindir de visitar ese monumento clasificado como Histórico y Patrimonio Mundial por la Unesco.
El peñón solamente representa una pequeña parte de la comarca. Este islote se levanta en un llano de arena que la marea invade dos veces al día.
Lo que más impresiona a los turistas son sin lugar a dudas las mareas: pueden llegar a alcanzar una amplitud de 13 metros en los días de fuerte oleaje, entonces el mar se retira con gran velocidad sobre una decena de kilómetros pero vuelve igual de rápido, todo un espectáculo.
El monte fue sitio clave de numerosos peregrinajes por parte de personas venidas de toda Europa para visitar la abadía, de forma continua hasta la revolución francesa.
La ciudad actual es una de las escasas ciudades francesas en haber conservado el conjunto de sus fortificaciones medievales. Es un recinto urbano que data de los siglos XIII y XV. El tiempo de visita para subir a la abadía y verla es de 2 a 3 horas.
Si pasas un día allí tendrás que probar el cordero presalado al horno de leña, su especialidad, así como la famosísima tortilla llamada “tortilla de la madre Poulard” que saca su nombre de un restaurante reputado en todo el país. La comunidad se dedica mucho a la agricultura ovina por lo que la especialidad en cuanto a gastronomía es el cordero presalado al horno de leña.
En definitiva, si de España te gusta Galicia y Asturias por la belleza de sus paisajes y la tranquilidad que allí encuentras, Normandía te recordará seguramente a todo aquello, el Mont Saint Michel es el lugar idóneo para unos días de relax, fuera del tiempo, a mitad de camino entre el pasado y el futuro, entre mar y tierra...